A propósito de ciclorrutas

El fenómeno electoral de la bicicleta se ha hecho sentir en el Valle de Aburrá. Las agendas de los mandatarios locales lucen buenas intenciones que hablan de movilidad sostenible, cicloinfraestructura, transporte público y seguridad vial. Suficientes razones para celebrar… ¿o no?

Aunque tener un espacio en la agenda pública para discutir sobre bicicletas es importante, la pobre comprensión de los conceptos que buscan aplicarse puede resultar contraproducente y algunos efectos negativos, difíciles de revertir. De un día para otro, las ciclorrutas dejaron de ser un elemento de diseño urbano con el que se podría salvar vidas, gestionar el tránsito, redistribuir el espacio público y revitalizar el comercio, para convertirse en una simple meta de kilómetros construidos (o demarcados, da igual).

Pero las ciclorrutas no siempre son algo positivo ni se necesitan en todas partes. Sin embargo, se defienden con una obviedad irresponsable y por algún motivo se han idealizado como elemento central de la popular movilidad sostenible. En ese proceso se le dio más importancia a la cantidad que a la calidad y empezaron a construirse tramos aislados en todos los municipios. Cada uno terrible a su manera; por su diseño, por sus especificaciones, por su trazado, por sus conexiones, por su funcionalidad o por su costo. Todo esto debido a la motivación equivocada para hacer ciclorrutas: cumplir la meta, hacer por hacer.

Uno de los efectos notables es la agresión permanente de conductores de carros y motos a ciclistas que circulan sobre la calzada cuando tienen una ciclorruta cerca. Los ciclistas que van por la calzada pueden tener un par de razones para esto; en primer lugar, tienen todo el derecho a utilizarla como cualquier otro vehículo y probablemente la ciclorruta no les sirve, no les conviene o simplemente no los invita a utilizarla porque no es más cómoda ni más segura, así que no representa ningún beneficio.

Esto da cuenta de un error que se ha naturalizado respecto a las ciclorrutas y es ¿para qué sirven? Pues las ciclorrutas no son para evitar que las bicicletas estorben en la calle ni para cumplir metas de los planes de gobierno. Las ciclorrutas se utilizan para aumentar las garantías del ciclista, facilitar el recorrido, acortar los trayectos, reducir el esfuerzo, priorizar el paso en diferentes intersecciones y mejorar la seguridad. Las ciclorrutas son estrategias para aumentar y mejorar la convivencia en la calle, no para evitarla.

Hablemos la próxima sobre ¿dónde y cómo construir cicloinfraestructura?

Por: Emmanuel Ospina-Sierra
Animalista – Ciclista urbano – Investigador

4 thoughts on “A propósito de ciclorrutas

    1. Damien, hasta ahora no hemos pensado en una charla, pero si hay el suficiente interés, podríamos programarla. La invitación es a seguir atentos a la miniserie que queremos publicar desde SiCLas con un enfoque crítico y objetivo sobre la cicloinfraestructura y el uso de la bicicleta. Gracias por comentar.

      Estaremos atentos a la reacción e inquitudes de los lectores para preparar nuevos contenidos y compartir ideas

    1. Mauricio, es una invitación al lector para que siga una miniserie sobre cicloinfraestructura y bicicletas que tenemos pensada bajo la dirección de Mauricio Mesa y con algunas consultas diversas al respecto. Gracias por comentar.

      Estaremos atentos a la reacción e inquietudes de ustedes para seguir compartiendo ideas

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