Mujeres pedaleando

El reconocimiento de la mujer como un ser libre se ratifica cuando se sube a una bicicleta.
Bob Fakoly

La bicicleta es un vehículo sano y saludable que no genera partículas contaminantes al planeta, es divertida y económica, y trae muchos beneficios a las personas que la utilizan, destacándose la salud física y mental. Es el juguete ideal para niños y niñas. Pero hay un momento en esa etapa de la infancia que por algún evento negativo se deja olvidada, y son en su mayoría las mujeres quienes comparten esos malos recuerdos a lo largo de su vida.

Hace poco me preguntaron: ¿la gente paga por las clases de manejo de bicicleta? ¿Es posible que existan personas que aún no sepan manejar bicicleta? Respondí que sí, es posible, y constantemente preguntan por los cursos. Seguidamente me puse a pensar en todas las mujeres adultas que ahora pedalean, gracias a que se animaron a dejar de lado ese fallido intento de la infancia. En su mayoría son mujeres que por diversas circunstancias no se les permitió aprender a montar en bicicleta a temprana edad. Por ser la niña de la casa, por estar entre hermanos hombres que eran los más deportistas, porque la madre no se lo permitió, por una caída que ocasiono un accidente, por vivir en una loma. Esas malas experiencias las persiguen en la edad adulta. Ustedes deberían hacer un pequeño ejercicio y preguntarle a su madre, a sus tías, primas y amigas cómo les fue en la infancia montando en bicicleta y se darán cuenta de sus experiencias, que algunas comparten de manera agradable o chistosa.

Algunas anécdotas de mujeres que se animaron a pedalear:
La familia de María está compuesta por su marido y dos hijos grandes apasionados por las bicicletas y los deportes al aire libre. A ella le ha tocado perderse de las salidas familiares en bicicleta los domingos, día escogido para los paseos. Verlos salir bien temprano en la mañana, o en las noches a mitad de semana, le generó a ella ese deseo aprender y se puso a intentar en la bici de su marido, una bicicleta de ruta de buen tamaño. Le fue imposible dar un solo pedalazo y se frustró inmediatamente; se dijo que nunca más volvería a intentarlo. Gracias al ánimo que le dan sus hijos y su esposo, una mañana se levantó muy decidida y con buena actitud se dijo: “no más, tengo que aprender a montar bicicleta; yo soy una mujer muy vieja, pero nunca es tarde”. Su esposo e hijos están felices por ella, y no ven la hora de que se sume a las salidas dominicales en la bicicleta, claro que en una bicicleta de su tamaño.

Desde que una mujer aprende a montar en bicicleta, comienza a enamorarse más de la ciudad que habita. Y claro que debe estar preparada para enfrentarse al acelere y la congestión del día a día y todo lo que esto conlleva. Los trayectos entre el punto A y el punto B no siempre son favorables: la falta de iluminación en algunos tramos de las ciclorrutas, cruzar los puentes en hora pico e ingresar y salir de una glorieta, sentirse acosadas constantemente por conductores y peatones, sentir el sonido de un bus acercándose, el pito constante de las motos, sumados a los comentarios de la familia que no ayudan, “es muy peligroso” o “te van a atropellar”, son temas que afrontan y estoy seguro de que se superan saliendo a pedalear.

Lo que alcanzo a sentir es que llega un momento en la vida de la mujer que se vuelve importante, como un reto, asumir aprender algo, realizar actividades sea deportivas, manuales o recreativas, y montarse en una bicicleta es una muy llamativa: es encontrar el medio de transporte ideal para desplazarse libremente y ser feliz. El reto de aprender a montar bicicleta está relacionado directamente con el padre, quien asumía las veces de profesor obrando de buena manera, usando la técnica más común que es agarrando por la parte trasera del sillín permitiendo el equilibrio y cuando menos se esperaba la soltaba. La niña sin saber nada de nada, al mirar atrás y ver que su papá no estaba ahí se asustaba e inmediatamente perdía el equilibrio y se iba al suelo. Muchas aprendieron de esa manera, con lágrimas y raspones, otras no y de ahí viene esa negativa para aprender.

Una anécdota que me comparte Rocío Ruiz de su infancia me causa mucha sorpresa. Estando ella muy niña, el padre y sus otros hermanos que ya sabían montar en bicicleta se la llevaron para una loma; cuando estaban bien arriba la hicieron subir a la bici y la soltaron. Pensaron que era la mejor manera de enseñarle, pero fue peor porque le cogió temor. Hasta el día de hoy recuerda esa experiencia. El tiempo fue pasando, los compromisos académicos, la familia, sus hijos, la fueron alejando de esa idea de aprender. Hace un par de años al ver el incremento de ciclistas, fue sintiendo la necesidad de aprender, buscó clases en Medellín y nada, se metió a internet buscando información, envió correos y le respondían de otras partes del mundo. Se dijo: “Qué raro que aquí en Medellín no existan escuelas para aprender a montar en bicicleta, así como existen escuelas de conducción de motos y carros”. Hasta que escuchó del colectivo SiCLas y le ha parecido una experiencia maravillosa: “Ahora me preparo para usar la bicicleta para ir al trabajo”. Con unos años más asume montarse en una bicicleta, dar un pedalazo a la vez. “Nadie dijo que iba a ser fácil”, reconoce, pero se esfuerza para superar sus miedos y lo está logrando.

Para Jimena Manzur, “aprender a montar en bicicleta es la mejor sensación de libertad, autonomía y dominio que puede tener una mujer”. Cada vez que pedalea se refleja la felicidad en su rostro.

Cuatro o cinco décadas atrás Amanda Celis, con un mal recuerdo de su infancia, narra los momentos en que intentó aprender a montar bicicleta. Recuerda que eran años de mucho machismo, fomentado desde lo femenino, y se ha acrecentado ese machismo en la sociedad. “Mi madre me decía brincona, machorra, pa’ dentro, el caballito de acero es para los niños, éntrese me hace el favor o le doy un correazo”, y nunca le permitía subirse ni siquiera a un triciclo. “Igual una bicicleta en esa época era un juguete de lujo que solo los ricos se podían dar”. Eso genero una frustración. Cuando tuvo su primer hijo le regalo su primera bicicleta a los cinco años; de ahí en adelante a todos sus hijos les dio el mejor regalo de la niñez, y ella misma les enseñó. Ahora se volvió una necesidad, más por el trabajo. Los hijos ahora se convirtieron en su motor, y sin nadie que la regañe espera poder movilizarse, tener autonomía y capacidad para moverse en bicicleta por la ciudad.

En la ciudad es claro que falta mejor infraestructura que permita que cada vez más personas asuman usar la bici como un vehículo cotidiano, entre esas las mujeres, dado que su uso es diferente, las maneras de desplazarse son según sus necesidades y con cada pedalazo, ellas se van empoderando y exigiendo urgentemente mayor seguridad en la calles.

Estamos todavía lejos de ver políticas serias, concretas que se salgan del papel a la realidad, que prioricen la movilidad humana, a los ciclistas y el transporte público. Eso no favorece solo a las mujeres, sino que incentiva el uso de la bici en las personas en general. ¿Cuándo veremos ciudades más amables, hechas para las personas y no para los vehículos motorizados?

“Por una ciudad menos contaminada y con menos ruido, por una vida más sana, ¡QUÉ VIVA MI BICICLETA! y todos aquellos que hacemos la diferencia pedaleando la ciudad”. Andrea Cadena

Agradecimientos a: Rocio Ruiz, Amanda Celis, Jimena Manzur.
POR: Bob Fakoly
Licenciado en artes representativas de la universidad de Antioquia, activista cultural en bicicleta y jugador de deportes de nuevas tendencias.

4 comentarios en “Mujeres pedaleando

  1. Qué maravilloso que sea un hombre quien escriba y capture este sentir, muchas Gracias Bob! Para mi la bicicleta es libertad, emoción, es vida!!

  2. Soy ciclista urbano hace 7 años, estoy de acuerdo con las descripciones de bienestar y libertad que nos proporciona el rodar en bici.
    Ahora se bien cuál bella es está ciudad..

    A las mujeres mucho ánimo, y mis más sinceras felicitaciones por atreverse a superar sus miedos…lo he visto muy de cerca, ahora mi esposa Mary’e me acompaña a las cíclovias desde hace 6 años
    Y disfrutamos esos gratos momentos.
    Agradecimientos y felicitaciones a la organización en siclas.por interesarse en procurar y promover el uso de la bici.

  3. Excelente artículo Bob. Encuentro en él claridad narrativa y precisión. Apreciaciones que como aprendiz y parte de su equipo de alumnas comparto totalmente.
    Soy Gloria Amparo Rendón, fue maravillosa mi experiencia al aprender a montar en bicicleta ahora como adulta, porque además de permitirme libertad e independencia, ha reforzado en mí,seguridad y orgullo en mi autoestima.

    Por otra parte, los felicito por mantener este maravilloso proyecto, por su presencia y acompañamiento.
    Sea ésta la oportunidad para animar a las personas a considerar como POSIBLE el aprendizaje y práctica de este ejercicio físico y mental, maravilloso.

  4. Buena por ellas my Bob… te felicito a ti y a las mujeres que eligen el deporte como habito saludable.

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